LA BOYA DE LA ESMERALDA SUMERGIDA

(Revista de Marina, junio 2000, Juan Fierro Pesce, Cadete Honorario, Caleuche, Valparaíso)

Su venia, mi Brigadier Mayor, para dejar con ustedes a un elemento que está estrechamente ligado, con el aniversario que hoy estamos celebrando; me refiero a la boya de la Esmeralda fondeada en Iquique y que, gracias a la ficción e imaginación, de cada uno de nosotros, se ha podido desdoblar para estar en dos lugares distintos, simultáneamente, en esta fecha.

Voy a dejar con ustedes a la voz de la boya de la Esmeralda, pero antes, escucharemos los honores de almirante que rinden las naves de la armada que han sido destinadas, para estar en Iquique, en esta fecha cuando pasan frente a ella.

–¡Honores!–

Señor Brigadier Mayor del Caleuche Litoral Valparaíso; señores agregados navales extranjeros invitados; señores oficiales de la Armada de Chile; señores Brigadieres del Caleuche, Cadetes Honorarios, Cadetes Caleuchanos, señores:

Esos honores que habéis acabado de escuchar, son los que rinden las naves de la Armada nacional cada 21 de mayo, cuando pasan frente a mí con su dotación en posición de saludo, navegando lenta y majestuosamente a mi alrededor, disparar salva de 21 cañonazos, arrojar una corona de flores y escuchar que dicen:

"Marinos de Chile ........ ¡descubrirse!
Aquí se hundió un buque chileno
con su bandera al tope,
lleguen hasta esta gloriosa sepultura
los hurras nuestros".

En realidad, no es que me saluden a mí, no, es a la Esmeralda que reposa en el fondo del océano a cuarenta metros de profundidad, después de haber sido hundida en aquel homérico y desigual combate, en un día como hoy, 21 de mayo de 1879.

Pero, alguno de ustedes se preguntará, la boya de la Esmeralda ¿por qué está acá, en una
conmemoración tan importante como ésta?

Me presento. Sé que para la mayoría de ustedes soy un tanto desconocida, y no los culpo, porque la boya fue instalada en la rada de Iquique un 21 de mayo de 1928, medio siglo después del combate, pero en estricto rigor, fue mi antecesora y hermana mayor que era una boya de fierro, con iluminación a base de acumuladores de gas acetileno, la que empezó a señalar este santuario sumergido, el cual es motivo de continuo homenaje, tanto por la Armada nacional, como por la ciudadanía de Iquique.

Pero, como el progreso no se detiene, un 25 de mayo de 1972 esa boya fue reemplazada por quien les habla:

-soy una boya de fibra de vidrio de marca Stone Chance de 3.500 kilos de peso y se me cambió el sistema de iluminación de gas acetileno por electricidad;

-poseo célula fotoeléctrica, que trabaja con energía solar, para apagar en forma automática el faro durante el día y encenderlo durante la noche;

-se me instaló pantallas reflectoras de radar y torre esquelética de 3,5 mts. de altura en la que llevo pintada los colores nacionales de azul, blanco y rojo;

-un fanal con multidestellador y filtro verde, que da una luz a intervalo de cuatro destellos de 0.3 segundos por 1 de obscuridad, siendo su alcance geográfico de tres millas;

-cuento con un material de fondeo, compuesto por un ancla almirantazgo de 1.240 kilos, un peso muerto de cemento de 2000 kilos, tres paños de cadena, grilletes giratorios y de unión, los que me mantienen fondeada en el lugar exacto donde se hundió la gloriosa corbeta Esmeralda.

Me sentía bien con las características ya anotadas, pero el avance incontenible del progreso, hizo que en 1988, fuera reacondicionada y actualmente funciono con las siguientes mejoras, aparte de las ya mencionadas:

-potencia luminosa: 746 candelas, lámpara que usa doble filamento de 10 watts y con igual alcance de 3 millas náuticas y

-una fuente de poder de 3 baterías ST-154.

Ya me conocéis. Ahora les hablaré como amiga y quiero contarles algunas cosas y esto a raíz de lo que he visto a través del tiempo que llevo en este histórico lugar, día y noche, noche y día, meciéndome al compás de las olas de esta hermosa rada, oteando el horizonte con una visión de 360° y siendo ésta, la primera oportunidad en mi existencia, y gracias a la ficción, de poder hablar con ustedes.

Soy parte de una trilogía, compuesta por Valparaíso, Talcahuano e Iquique.

En Valparaíso está el monumento a los Héroes de Iquique, donde descansan los restos de los mártires de ese combate y está ubicado a escasísimos metros, frente al edificio de la Comandancia en Jefe de la Primera Zona Naval.

En Talcahuano está fondeado el monitor Huáscar que hundiera a la Esmeralda y que también está ubicado en el mar a pocos metros de la sede de la Comandancia en Jefe de la Segunda Zona Naval, que vosotros denomináis el "vaticano".

En Iquique, la Esmeralda sumergida, pero que yo, la boya, la represento en la superficie del mar, como si fuera un espejo que la refleja eternamente. Estoy ubicada frente al Monumento al Marinero, que está en tierra y que es una réplica del marinero con hacha de abordaje en la mano, que se halla en el Monumento a los Héroes en Valparaíso.

La Comandancia en Jefe de la Cuarta Zona Naval, está ubicada bastante más distante de mi lugar.

El Monumento al Marinero, fue inaugurado por el Almirante José T. Merino Castro en el año 1977.

Mientras yo exista podrán ver en ese espejo, su airosa y gallarda silueta, como antes del combate, y también oír con su imaginación, la feroz lucha, el lamento de los heridos, el griterío dándose ánimo, la orden de Prat llamando al abordaje; el último disparo que hace el guardiamarina Riquelme y, finalmente, el hundimiento de la corbeta, que desplazando la espuma del mar y el aire de sus compartimientos, hacen ondear por última vez los pliegues del patrio pabellón, para hundirse también, cubriendo a su gloriosa tripulación.

He visto desfilar frente a mí, tantos navíos de mi Armada Nacional, y he podido apreciar la constante superación de ella al contar, cada vez, con mejores buques e incluso ya con naves construidas en mi propia patria. ¡Qué diferencia con los de hace 120 años! Justamente por eso se agiganta la hazaña de Prat, reconocida mundialmente.

La figura de Prat goza de un cariño tremendo en la ciudadanía, y sobretodo en los niños, tal vez porque a los 10 años ya era cadete naval.

Como decía, han pasado 120 años de esa epopeya, más de un siglo, y el grupo de buzos de salvamento de la escuadra, en mayo del año 1996, hizo una inspección, para ver como se encontraba la Esmeralda, y esto fue lo que informaron:

“A 40 metros de profundidad, nos encontramos con la Esmeralda recostada sobre la banda de babor.
La silueta del buque destruido, nos saluda entre las aguas, como si quisiera regresar desde el pasado para contar su heroica historia; su casco muestra los efectos de aquella lucha desigual, con sus terribles y profundas heridas jamás cerradas, abiertas para siempre en el fondo del mar. Grande es la emoción al encontrarnos frente a frente con ese antiguo buque que, a pesar de los años, conserva toda la gloria conquistada en una lucha heroica. Casi es posible escuchar voces que, venidas desde el pasado, relatan toda la crudeza del encuentro; hacia proa descansa el largo mástil de madera, el proel, caído sobre la cubierta muy cerca del bauprés, también caído. Por la banda inclinada de estribor, sobresale la tremenda perforación producida por la salida de un proyectil, disparado por los implacables cañones
del Huáscar, aquel 21 de mayo de 1879.

Se divisan en el fondo del mar, trozos de loza ocupada por la tripulación; en la banda de estribor se aprecia el segundo espolonazo del Huáscar que inundó la máquina y la santabárbara; las cubiertas están bastante destruidas, y mas allá, el perfecto sistema de izado de la hélice que se utilizaba, cuando el buque navegaba sólo con sus velas desplegadas; una caldera de la corbeta, que estalló causando grandes daños, dejó diseminados muchos de los tubos que la conformaban, quedando el buque prácticamente sin potencia y al garete a merced del monitor; en un rincón, mecido por las corrientes submarinas, un viejo zapato, perteneciente sin duda alguna a un tripulante de la nave, recuerda crudamente la parte humana de la tragedia; una de las anclas de la corbeta, permanece fija y unida al fondo del mar; sobre la cubierta principal, están caídas las diferentes vergas y también el mástil principal de la nave, que todavía se halla rodeado de una pieza de bronce, que algún día cumplió con la específica función de transmitir toda la fuerza del viento al buque; también se ven cañones tumbados, a la espera de un lugar definitivo en tierra, para ser admirados por la ciudadanía; por todas partes y uniendo las maderas, los grandes clavos de cobre desafían el paso del tiempo, sin sufrir alteraciones.

Al revisar las distintas partes de la corbeta, ésta se encarga de narrar en forma silenciosa, los hechos que terminaron finalmente con su hundimiento.

Las huellas de los terribles espolonazos, de las perforaciones producidas por la artillería enemiga y los cañones tumbados y silenciados, para siempre, son los mudos testigos de lo ya pasado”.

Los buzos de la Armada como un sentido testimonio y una verdadera ofrenda, a todos aquellos que sucumbieron ante un adversario superior, en medio del combate más heroico de que se tenga memoria, deciden desplegar la tricolor bandera, bajo las mismas aguas que han envuelto a la Esmeralda por más de un siglo, y en el mismo mar y en el mismo océano que sirvieron de testigo de la gesta, en que Prat y sus gloriosos tripulantes de la nave que se hundía, escribieron con roja sangre unade las más brillantes páginas de la historia universal.

Cadetes caleuchanos, me siento orgulloso de haber estado con ustedes en este Bogatún de Combate, el más importante de vuestro ceremonial, ya que sois esa cadena espiritual que une a la armada con el pasado, y en que cada uno sois un eslabón que no permitirá jamás, en conjunto, que esa unión garree.

Lamento sinceramente, no ver entre ustedes a ese cadete que ingresara el año pasado a este Centro, en bogatún especial, me refiero al Cadete Augusto Pinochet Ugarte, por estar retenido indebidamente en un país extranjero.

No olvidemos jamás, lo que hicieron nuestros héroes en la guerra, y los grandes hombres en la paz, por esta patria nuestra y, que ni el modernismo ni la comodidad, adormezcan nuestro sentido de amor a la patria, y estemos alerta para defenderla en cualquier aspecto y a como dé lugar, para no decirles, a ellos, que su sacrificio fue en vano.

Gracias, hasta siempre, viva Chile.